El colesterol de las ciudades

Daniel Celis

Director de la Asociación de Vehículos Eléctricos de Chile A.G.

45 minutos ida más 45 minutos vuelta, 1 hora y media al día, 390 horas al año desplazándonos, es decir, cerca de 16 días completos al año dentro o sobre un vehículo.

Entre 40 y 50 minutos en promedio necesitan los chilenos en las ciudades para trasladarse de sus casas a sus trabajos y viceversa. Y no necesariamente por las largas distancias, sino que la velocidad en que nos movemos es baja, sobre todo en horas de mayor congestión.

23 km/h es la velocidad promedio que se alcanza en Santiago y que a la mayoría nos parece insuficiente para cumplir con nuestros horarios y obligaciones.

¿Cuál es la causa y cómo solucionamos esto? Aparentemente el espacio vial es reducido en todo sentido y la cantidad de autos que entran en circulación día a día se desacopla del crecimiento en infraestructura, lo que nos lleva inevitablemente al colapso. Tal como las arterias que llevan la sangre en nuestro cuerpo, las calles y autopistas se obstruyen con vehículos “altos en colesterol”, de gran tamaño y con un solo pasajero.

Es bastante conocida la comparación entre la eficiencia de un bus público y la de un grupo de autos en cuanto al uso del espacio en la calle y es esa es, justamente, la reflexión que se debe hacer para “bajarle el colesterol” a nuestras calles y autopistas. El transporte público (mejor si es eléctrico) es la mejor solución, no hay comparación. Ahí hay que concentrar los recursos y los esfuerzos, ya que esto tiene un impacto enorme y directo en la calidad de vida, salud y economía de las personas. Mucho mejor si es transporte eléctrico y los nuevos buses lo han demostrado: tienen muchísima mayor eficiencia, las personas viajan más contentas e, incluso, bajó considerablemente la evasión.

Por otro lado, nos encontramos con la micromovilidad, mecanismos que yo también clasifico ddentro de los “bajos en grasas saturadas” porque ayudan a reducir de forma importante espacio físico necesario para transportar al usuario. Motos (ojalá eléctricas), scooters, bicicletas, etc. debieran tener mayor presencia en nuestras ciudades para así aportar a un desplazamiento más rápido y óptimo. Normalmente estos vehículos pueden alcanzar sin problemas las velocidades promedio de las que estamos hablando.

Pero, ¿qué evita que la gente se suba masivamente en las mañanas a estos pequeños transportes? Por un lado, el frío, la menor comodidad y, muy importante, que no existe reglamentación clara sobre dónde y cómo debe transitar la micromovilidad, por lo que pasa a ser inseguro tanto para el conductor como para los peatones y otros vehículos. Es de vital importancia establecer reglas claras y definir el espacio por donde deben y pueden transitar estos pequeños vehículos, ya que hoy no es ni la calle ni la vereda.

Por último, existen las plataformas de carpooling, que poco a poco comienzan a verse más y que apuntan a fomentar el uso de autos de forma compartida y óptima, enlazando propietarios de autos que hacen viajes similares o iguales a otros usuarios que se suben en algún punto de la ruta y remuneran al conductor. Menos “grasa” para las calles.

En resumen, la mejor parte de esto es que hoy contamos con un sistema con distintas posibilidades y que, centrado en el transporte público y el Metro, nos puede ayudar a que estos 16 días que usamos moviéndonos de lado a lado los podamos usar para hacer deporte, compartir con nuestras familias o simplemente para hacer lo que nos gusta.

La manera óptima de trasladarse debe venir de cada persona para sus condiciones particulares, pero con la mentalidad y apertura a que existen varias alternativas para moverse en la ciudad y cada una de ellas con sus particularidades positivas y negativas y que es tarea de todos lograr una ciudad saludable y con sus arterias saludables.